Para algunas personas estos días son algo difíciles, y hasta molestos.
Sus razones tendrán, y no es de eso de lo que te quería hablar.
Ya sabes que no soy creyente, incluso tengo arrebatos de militancia atea. Esporádicos y muy inconstantes, pero suficientes para recibir alguna reprobación.
A pesar de ello en estos días de fiesta y regocijo cristiano aprovecho para disfrutar de la compañía de cuanto amigo se preste a la fiesta y el encuentro.
Mi motivación es precisamente la voluntad del encuentro. Es algo así como surfear sobre la ola de festividades ajenas para gozar de la frescura y la espuma en el mar de la amistad. Sabemos que somos cómplices en esto de compartir la mesa y el vino, redefiniendo el renacer de la natividad. Dicho asi, tan simplemente suena a nada más que asados y vino.
Si solamente nos quedáramos en estas palabras estaríamos soslayando algo esencial que nos mueve.
Algo que nos conecta con pulsiones atávicas. Paso a explicar el rumbo de los pensamientos.
Desde tiempos inmemoriales es arto conocida la existencia de festividades conectadas al renacer de la vida en el día mas corto del año. Ese día donde la noche hace su último intento por apartar al sol. Postrer intento vano. Ese día último tras el cual la noche fría, amenazadora, compañera del hambre y la escasez, comienza a retroceder. Es la esperanza del renacer. El primer impulso del sol para retomar su fuerza transformadora y volver a ocupar el centro del firmamento.
Por esas cosas de los símbolos, cada vez más símbolos, cada vez más alejados de su origen factico, festejamos el renacer del sol…A pleno sol. Cuestiones extrañas de festividades nacidas en otras latitudes. Claro que los originales de estas tierras alguna vez también celebraron el renacer del sol y su promesa de vida renacida. Pero eso fue hace mas de 500 primaveras. Esos son símbolos olvidados.
Amigo no te abrumo mas con mis desvaríos y acepta el derecho que me asiste de resignificar los símbolos. Siento muy autentico, sincero y humano cambiar el culto al miedo del invierno sin fin, a la muerte del sol y su posible no retorno por un culto al encuentro fraterno alumbrados por el mismo fuego que nos acompaña desde el alba de los tiempos.
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