Han transcurrido 27 años desde que comenzamos a desprendernos del miedo como una vieja piel indeseable.
Para algunos toda una vida.
Mirando de nuevo hacia atrás para cualquiera es toda una vida.
En esos 27 veranos o inviernos o julios o setiembres soñamos, imaginamos, renegamos y nos enojamos pidiendo justicia.
En algún momento imagine este día, lo pensé alegre, venturoso, esperanzado, luminoso.
Seguramente otros sentimientos mas oscuros también estuvieron presentes, pero a esos hace tiempo los he desechado.
Estoy aquí, parado en el ahora, que dentro de poco sera un hito de la historia. Estoy aquí tratando de descifrar porque no siento alegría.
Ni siquiera me pregunto porque no hay rabia. A esa compañera la abandoné en un recodo del camino.
Con ese interrogante me senté para escribirte y compartir este instante, pues al cabo de tanta angustia solo llegaron lagrimas.
No puedo festejar y si festejo.
No puedo festejar porque todavía duelen las ausencias, siempre dolerán, y porque el veredicto trajo justicia a reclamos parciales del pasado. Todavía quedan impunes la ausencia de pan, trabajo y dignidad.
viernes, 24 de diciembre de 2010
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