Un sol rojo y retazos de cielo se insinúan tras los cristales. El aire freso me da de lleno en el pecho arrojado por bocas con rejillas de aluminio. Todo es artificial. El aire, las luces, los sonidos del ambiente y esas sonrisas pálidas.
Los rostros lánguidos me devuelven sonrisas tenues deslizándose sobre sandalias brillantes. Sandalias de andar ausente con ese ir y venir de las hojas de otoño. Sandalias que contienen mujeres, que como las hojas se arremolinan y vacilan cuando un viajero apresurado las atropella.
He visto tu rostro, ese rostro y también aquel en otros días. Los vi ayer y mañana mezclados con acero, cristal y hormigón. Tapizados con tapas coloridas, revistas y periódicos. Bajo luces cenitales, delgadas y fantasmales cuando se acerca la partida del último vuelo. He visto tu sombra o solo una sombra impersonal. En ocasiones he mirado de frente algunos ojos. Esos ojos, tus ojos. En cada ocasión me sacude el deseo infinito de desnudarte y desmenuzarte como un trozo de pan, para saber si tu corazón esta tan seco como tu maquillaje.
jueves, 19 de enero de 2012
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