Dice la sabiduría popular que no hay dos sin tres. Hace apenas un instante Consuelo nos avisa que falleció el padre de un compañero de oficina. Con esta noticia es la tercera muerte anunciada durante esta mañana. Espero que así se complete el refrán, y apelando a otro del mismo tenor cruzo los dedos y digo para mis adentros, la tercera es la vencida.
¿Cuantas veces la tercera no fue la vencida?
Despreocupado y limpia el alma de preocupaciones, habiendo alejado los oscuros presagios me dirigí a una galería comercial, una de tantas en Córdoba. Pero, una cinta plástica blanca con PELIGRO en letras rojas impedía el paso. Al fondo de la galería divisé un policía de consigna. Alguien fue asaltado, pensé. Pero no era ese el motivo de tanto revuelo. Un limpiavidrios había caído desde el séptimo piso. Los curiosos estiraban sus cuellos de jirafa para mirar sobre los hombros de la muchedumbre. Levanté la cinta crucé rápido un pasillo y sin alzar la vista llegue a la imprenta. Pregunté el precio de las tarjetas personales y salí. Nuevamente trate de no mirar el cuerpo tendido allá en el piso. Salí a la calle y rodee la manzana para evitar la desgracia que parecía empecinada en seguirme los pasos. Al doblar la esquina, en otra de las entradas a la galería una empleada de algún comercio del lugar pregunta a un colega.
- ¿Lo viste?
- No.
- ¿Pero te enteraste?
- Si
- Vamos a verlo
- Dale, vamos.
Partieron entusiastas intentando superar el vallado.
viernes, 11 de diciembre de 2009
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