jueves, 29 de octubre de 2009

Historia en rojo

¿Como contar esta historia sin hacer trampas? Sin crear un misterio artificial y literario. Alguien dirá que lo más sencillo es comenzar por el principio. Bonita solución si supiera discernir cual es el principio. No solo en sentido cronológico sino, esencialmente, en un sentido ontológico. A estas alturas del circunloquio la mejor salida es contarles cual fue el disparador de este soliloquio. Como ya sabrán detesto la ultima pagina del diario que es donde los casos policiales y accidentes de transito conviven en un eterno charco de sangre. Pero – bueno, siempre hay un pero - una noticia algo extraña voló desde la hoja del periódico y me atravesó. El recuadro era pequeño con una foto en blanco y negro. Se trataba de dos viejas camionetas Estanciera que habían chocado de frente. La nota aclaraba, ambas eran de color rojo.

Muy pocos detalles aportaba el periódico dejando una puerta abierta para la intriga y la especulación. Allí debería terminar todo sin embargo, por el contrario, en mi mente se dispararon infinidad de conexiones. Múltiples ideas surgieron. Y sensaciones con olor a vino, asado y risas estentóreas. En un encuentro con viejos compañeros de fábrica mientras repasábamos el derrotero de todos los ausentes alguien refirió la historia. Por aquellos años todos teníamos grandes facilidades para adquirir los vehículos que fabricábamos. Como buenos mecánicos la mayoría de nosotros hacíamos dinero extra trabajando por las tardes en nuestro propio taller. Eso mismo hicieron dos amigos que a más de vecinos eran compadres. Construyeron con esfuerzo sus casas, habitación tras habitación a medida que la familia crecía. Trabajaron solidarios ayudándose en todo emprendimiento. Salieron juntos de vacaciones, compartieron navidades, bautismos y estrechez. Por supuesto compraron el mismo año una Estanciera cada uno y se aseguraron que fueran las mismas que con cierto disimulo traían con esmero desde la línea de producción. Rojas como la pasión y el amor.

Rojo era el vino de cada brindis y cuando las copas se hicieron muchas la nostalgia y un cierto alo de tragedia suele embargar la fiesta. Alguno conocía mejor a los protagonistas y finalmente cerró el círculo de las dos camionetas. Tanto va el cántaro a la fuente que finalmente la armonía de aquellos amigos se desbarranco por el peor de los escenarios. Una esposa se sintió desatendida y la otra también reclamó más cumplidos y menos grasa y olor a fierros. Se tomaron su tiempo y su espacio, se redescubrieron mujeres. La sensualidad las inundo con gozo y libertad. Las amigas se sintieron con alas nuevas.
El dolor y la vergüenza alejaron aquellos hombres de su hogar, también de su barrio.

Nadie sabe hasta donde los llevo la deriva. Cada uno partió con su Estanciera roja y su tristeza a cuestas. La crónica me sugirió un reencuentro, supuse que eran las mismas camionetas compañeras desde la línea de producción. De los conductores nada se decía.

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