Francotirador
Después de varios días de espera comienza el deseo. Apretar el gatillo es necesario, me digo a modo de compañía. Observo el pueblo en ruinas, quieto, polvoriento. Trato de no adormecerme siguiendo las idas y vueltas de los perros y las ratas. Como todos los días apareció una anciana. Revolvía entre los escombros y algo recogía. Todas las mañanas salía cargando un recipiente de lata abollado, buscaba agua en un surtidor todavía sano en el patio de una casa hermosa, ya en ruinas. En el charco siempre presente los pájaros se bañaban y los gorjeos, que imagino, me transportaban al patio de la niñez.
En el pueblo los hombres son escasos y los soldados toman sus precauciones a pesar de la distancia que nos separa. Saben que los estoy esperando. Una planicie pedregosa apenas cubierta de pastos separa el pueblo de esta loma. Me siento seguro, el bosquecito es espeso y fresco. Las moscas perennes de los muertos se detienen a mitad del descampado arrastradas por una brisa fuerte, casi eterna.
Finalmente me di el gusto. A falta de panes, buenas son las tortas dice el refrán. Cuando alguien concibió este lugar incluyo a la anciana para darle dimensión humana. El fusil tiene sus necesidades y no podía desoírlas por más tiempo. Casi podía derribarla con los ojos cerrados. Caminaba tan lentamente y esquivando los mismo escombros. Repetía su trayectoria con precisión. Con un andar moroso e inestable. Una invitación inexcusable.
Lamentablemente no pude disfrutarlo plenamente. Con la claridad que da la muerte ahora se que era el señuelo de otro francotirador mas paciente, ubicado en el campanario de la iglesia justo frente a mi.
27 de octubre de 2009
martes, 27 de octubre de 2009
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Sabía que eras un loco lindo... pero no conocía esta habilidad tuya. Por suerte te animaste a compartir tus cuentos... felicitaciones!!!
ResponderEliminarCeci Díaz
"Las moscas perennes de los muertos se detienen a mitad del descampado arrastradas por una brisa fuerte"
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