Desde hace mucho tiempo existe la otra casa. Allí transcurren hechos importantes. Sin embargo es diferente a esta, desde donde ahora escribo, y que también es mi casa. Mientras relato los últimos acontecimientos puedo afirmar que estoy en esta casa. Sin embargo a lo largo del día trato de cumplir con obligaciones surgidas de la otra. Simplemente se trata de otra casa con otra vida. La mía. Tan concreta como la de esta computadora donde van surgiendo hacia la izquierda las letras hasta completar una palabra. También sucede en ocasiones que voy a trabajar sin poder precisar cual es mi casa, todo sucede desde algún lugar impreciso. Claro, lo importante para relatarles son otras cuestiones y a nadie debería importarle donde dormí, desayune o libere mis fluidos. Vaya pretensión saber todo eso.
Les decía, si no he perdido el hilo de la conversación, es algo inquietante sentir ambas casas profundamente mías. Hasta puede aceptarse a la otra casa como más funcional, los recorridos son más directos. Tienen que ver con mis necesidades y no con los dictados creativos de ningún arquitecto. Si deseo comer estoy en la cocina y para discutir con mi mujer ya estoy en el patio o la sala. El recorrido solo es el necesario, cuando algo ocurre la situación directamente nos lleva hasta allí. Nada de recorrer pasillos, atravesar cuartos ajenos ni abrir puertas cerradas.
Suelo confundirme, porque los hechos ocurren en el lugar indicado o en realidad solo ocurren si me encuentro en el lugar indicado.
Pero antes de avanzar es conveniente establecer algunas convenciones. Cuando digo esta casa me refiero a la más mundana, vulgar y cotidiana. Esa donde las cosas suceden tal como corresponde. Cuando hablo de la otra casa, es aquella, es la otra. La de los pasadizos cambiantes, las habitaciones flexibles, las paredes móviles, y las funcionalidades intercambiables.
Pero entiéndase bien, no tan flexible, ni móvil o intercambiable que me haga desconocerla. No me pierdo ni desoriento. Solamente me extraño por lo breve de algunos pasajes y si estoy muy angustiado o ansioso el patio se aleja sumiéndome en gran inquietud. O la cocina ya no esta donde siempre y deambulo en círculos por las mismas habitaciones para poder encontrarla. Abro puertas incesantes y corro por pasillos muy breves sin llegar a su extremo. En esas ocasiones surge la certeza de que algo me esta angustiando y el recorrido perpetuo y sin final es un aviso, un recordatorio de algo inconcluso.
En estos días estoy particularmente preocupado. Las mañanas están cargadas de angustia. Algo no esta saliendo como deseo. Todavía no estoy muy seguro cual es la cuestión. Sin embargo permanezco insatisfecho hasta bien entrado el día. Estoy seguro, o casi seguro que algún cabo suelto hay en mis prioridades. Flota en el aire. Al acostarme me hormiguea en las tripas y se agudiza al despertar. Además he tenido sueños muy espesos.
Si, espesos. No llegan a ser pesadillas, pero son recurrentes y me dejan agotado. Hasta sueño que he soñado. En algún momento eso me inquietó, ya no, casi no sucede nunca, y me parece un verdadero hallazgo de la mente. Soñar que se sueña, despertar y estar dentro de un sueño para luego despertar finalmente. Sin afán de alardear me suena algo impresionante, me he atrevido a imaginar ciertas virtudes especiales de la mente, para nada asequibles a todos los mortales. Volviendo a la densidad de los sueños. Me agradan aquellos fugaces y sin mella, coloridos, despojados de consecuencias. Pero últimamente despierto muy cansado. Debo haber trabajado muchísimo en cada uno de ellos.
En la otra casa sigo sin poder llegar a tiempo a las clases de la facultad. Tengo prácticos sin acabar y las reuniones grupales para prepararlos siempre se complican inexplicablemente. Las habitaciones se mezclan impidiendo que nos encontremos con mis compañeros de estudio. Mi hermana menor corretea por el patio y debo socorrerla por un accidente, tiene un corte y sangra.
Cuando resuelvo el incidente ya todos se han ido. Salgo a la calle, justamente cuando pasa un amigo con su auto. Quiero alcanzar a mi grupo de estudios. Salimos a buscarlos, tengo la esperanza de irlos pescando como a peces. Imagino una red tirada por una lancha muy veloz. Esa idea es maravillosa, inspiradora diría. Eduardo, mi amigo, esta ya cansado de buscar a mis compañeros de facultad y se encamina hacia la playa. Allí esta la lancha y podremos disfrutar del resto del día. Finalmente regreso abatido, agotado y sin ningún trabajo práctico concluido. Nuevamente estoy en la clase sin haber cumplido. Aquí emerge implacable la insatisfacción, otro objetivo sin alcanzar.
En esta casa sucede igual que con mi trabajo. Hace tiempo termine la facultad. Sin embargo en la otra casa sigo estudiando. Cuando despierto, de tanto en tanto, recuerdo que he vuelto a vivir en aquella casa que les dije. Para no confundirme o confundirlos les recuerdo que la llamaremos la otra casa.
Sin embargo algo debe significar este desasosiego, los acontecimientos en paralelo se están incrementando. Entiéndase bien, no son un espejo, una simetría. Por el contrario son muy diferentes. En la otra casa las cosas vuelven a suceder sin llegar al punto actual de situación. Más bien se estancan por alguna nimia dificultad y allí quedo empantanado luchando por traer las cosas al presente. Incluso sucede con recuerdos de la niñez. Es la misma niñez de esta casa. No encuentro mayores diferencias, sin embargo me estanco en sucesos por demás insatisfactorios.
Juan Carlos sigue manipulando a todo nuestro grupo y no he podido desarmar sus manejos. En esta casi sí lo logré. Fue cuando nos agarramos a trompadas y finalmente pude vencerlo. El se aprovecho por mucho tiempo de su mayor estatura y mi recurrente sangrado nasal. Rápidamente aplicaba un golpe descendente en mi nariz, yo comenzaba a sangrar y terminaba la pelea. Perseveré en mis desafíos y finalmente pude vencerlo, mi nariz resistió varios golpes y la bronca largamente acumulada dio sus frutos. En la otra casa la cuestión esta algo confusa. Allí en realidad no llegamos a los golpes de puño, acumulo mi bronca incesante, recurrente. El nos manipula imponiendo cuando y, a que jugar. Allí todavía me debe una buena pelea.
Los días más difíciles los paso escapando por los techos de un enorme galpón de chapas. Un techo abovedado rodeado de altas paredes. Intento llegar a la calle más cercana y tras cada pared un nuevo techo. Hace tiempo deambulo por la misma manzana. Incluso intente bajar a un patio con césped pero un enorme perro negro me lo impidió. El miedo a los perros es común en ambas casas. La única mordedura ocurrió en esta, pero en la otra las persecuciones son incesantes. Afortunadamente soy muy ágil y escapo, los eludo o lucho con bastante fortuna. De todas maneras son bastante inoportunos, aparecen de súbito en medio de las huidas. Nunca son mas de dos o tres, grandes, delgados y negros como mis mas profundos temores. Los colmillos relucen blancos, y las lenguas rojas y húmedas me producen temblores de puro asco.
En la otra casa los enojos son tremendos de furia, un huracán de ira. En uno de ellos termine en esta cama de hospital. Parece que tengo bastantes heridas pero no quiero ver a nadie. Avisé por el celular que no me esperen a dormir. No les he dado detalles del accidente ni del hospital. Cuando sea tiempo regresaré. Aquí me quedo absolutamente inmóvil, boca arriba con los ojos cerrados. Las manos tendidas al costado y el cuerpo muy relajado. Cuando traen la comida, me dan los medicamentes o pido la chata, abro los ojos, son los únicos momentos en que abro los ojos. Si es imprescindible hablo, de lo contrario sigo dentro de mí. Así día tras día. Las enfermeras murmuran. Piensan que estoy loco. He insistido, no quiero visitas, no quiero ver familiares, vecinos, amigos ni compañeros de trabajo. Ya me levantaré cuando sea tiempo. Me siento bien, me estoy reponiendo. Dice el doctor que es un milagro que suceda tan rápidamente. Se que no es ningún milagro. Estoy permanentemente concentrado y es sabido que la mente es inmensamente poderosa. Me duermo y despierto siempre en la misma posición. Desde que llegué me mantengo inmóvil y concentrado. Siempre en la misma posición. Para los buenos entendedores pocas palabras, no me interesa el contacto social con ningún miembro del hospital, pacientes o familiares.
Los despertares son instantáneos y no necesito pestañear, mantengo los ojos cerrados, estoy muy conciente mirando hacia adentro. He tenido tiempo suficiente para reflexionar y llegue a una decisión inapelable. Mas bien una leve disyuntiva. ¿Ha llegado el momento de partir? Dudo aún si hacia adentro o hacia fuera. Pero es cuestión de poco tiempo resolverlo. De todos modos se me hace que podrían ser las dos direcciones simultáneamente. Todavía necesito seguir en esta posición para reponerme. Ejercito mis músculos sin moverlos, se llama tensión dinámica como leí alguna vez. Deben conservar la tonicidad, pronto estaré listo para incorporarme. Insistí en la prohibición de visitas, cuando sea tiempo ya me verán.
Los doctores se consultan luego de revisarme. Puede ponerse de pie me preguntan. Con un leve mareo ya estoy caminando. No les permito tomar ninguna decisión, me visto. Los saludo por supuesto y agradezco sus atenciones.
Ha llegado la hora y me encamino para sentir el sol en la cara.
Estoy en marcha, ya no necesito a nadie. Viajo hacia adentro mientras me voy alejando.
martes, 16 de marzo de 2010
La otra casa
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